Cofradía de Nuestro Padre Jesús - Jerez de los Caballeros

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miércoles, 29 de octubre de 2008

Revista 2003. Caseta de la Cofradía, Escolta Romana y 2ª Fase de reforma del Paso del Santo Entierro

Si echamos un vistazo al 2002 y a la actividad que se ha desarrollado en el seno de la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno durante ese año, nos daremos cuenta de que es necesario mucho tiempo, trabajo y esfuerzo para que una cofradía esté en la calle en Semana Santa.
Ya en Febrero de 2002, cuando todavía no había llegado la Semana Santa de ese año, había miembros de la cofradía que hacían planes con vistas a esta Semana Santa de 2003. Me refiero, por ejemplo, a Juan Brioso y José Barroso, que comentaban y daban forma a la idea de montar una caseta durante la feria del Jamón con el fin de recaudar fondos para financiar nuevos instrumentos y galas de la banda de nuestra cofradía.
La idea no era totalmente nueva ya que, en ocasiones anteriores, se había llevado a cabo una tarea similar. Hace unos ocho o nueve años, también durante la feria de Mayo, la banda montó una caseta en su corral de ensayos en las traseras de Santa María con el fin de financiar una excursión a Málaga. La experiencia se repitió hace seis años pero esta vez el lugar elegido fue otro, la cochera de Antonio Esteban, que está más cerca del parque de Santa Lucía, sede por entonces del Salón del Jamón celebrado en nuestra localidad; el motivo volvía a estar relacionado con la banda ya que, entre otras cosas, se pudieron costear los trajes para la misma.
Vistos estos antecedentes y dadas las necesidades de una banda que se mejora a sí misma año a año y día a día, se tomó la decisión de montar una caseta en el recinto ferial durante el Salón del Jamón del pasado año 2002, suponiendo en parte una novedad ya que la cofradía no monta caseta de forma rutinaria sino, como hemos visto, de forma esporádica y con motivo de alguna necesidad concreta; las dimensiones y estructuración de la misma también suponían algo completamente nuevo puesto que ya no se trataba de un corral o una cochera.
En este proyecto colaboraron miembros de la Junta Directiva, así como padres y madres de los miembros de la banda y, lo más importante, los propios jóvenes que integran la banda. Estos jóvenes siempre se han esforzado para ayudar en todo lo que han proyectado: se han recorrido todo el pueblo para vender los pins que se hicieron el año pasado y con cuyas ganancias se pudieron permitir unos días de ocio y descanso en el campamento de Brovales; han colaborado igualmente con los llaveros bañados en plata que se han fabricado este año con la imagen de Jesús (han tenido tan buena aceptación, que está previsto fabricar más) y cuya recaudación será para las mantolinas de las cornetas y los tambores de la banda. Igualmente, estos incansables jóvenes han estado trabajando en todo lo que ha hecho falta para que la caseta funcionase a la perfección: han montado, han colaborado en la cocina, en la barra... y no solamente durante los días de la feria sino durante las semanas previas y los días posteriores a la misma. En esas semanas previas, concretamente durante la quincena anterior a la feria se comenzaron a adquirir, preparar y últimamente cocinar las carrilleras, riñones, rabos, calderetas etc. que se servirían como raciones en la caseta. Esa imagen de un grupo nutrido de personas afanadas en la preparación de exquisitos guisos en los corrales de Santa María, no debía de ser muy diferente de cuando se preparaba el cocido que se daba a los pobres y a los presos el Jueves Santo y que también se preparaba en corrales, como cuando lo hacían los estraperlistas en el patio de una cochera sita en la calle Rivera allá por los años 40. Don Joaquín Ceballos-Zúñiga, Miguel Martín o Manuel Carrasco González, entre otros, se encargaban de esta tarea y a ellos acudían los pobres con un puchero de barro a la puerta falsa de esa casa, con entrada principal por la calle Derecha nº. 8, a por su ración de garbanzos y la presa; posteriormente, esta comida de caridad era preparada por miembros de la cofradía de Nuestro Padre Jesús en los corrales que estaban donde se encuentra hoy el asilo de ancianos de nuestra localidad.
Volviendo a este año vemos que el trabajo para la caseta fue duro pero gratificante, ya que se superaron con creces las metas marcadas cuando surgió la idea, gracias al entusiasmo mostrado por los colaboradores y a la respuesta del público que fue masiva hacia la banda y la cofradía. El fruto final de todo ello es una importante mejora y renovación en lo que a la dotación de la banda se refiere ya que en la en la próxima Semana Santa de 2003 se estrenarán 60 timbales, 2 trombones, mazas, baquetas, parches, 1 caja redoblante especial y 70 galas para los trajes confeccionadas en hilo de oro todo ello procedente de la recaudación de la caseta. Igualmente los llaveros han proporcionado fondos para 60 mantolinas bordadas en Sevilla en hilo de oro con un nuevo escudo diseñado por José Barroso.
La experiencia ha sido más que positiva en todos los aspectos, pero no existe intención de que se repita anualmente. Esto no quiere decir que se deseche la posibilidad de volver a montarla siempre que sea necesario porque según Juan Brioso, “la banda está preparada para todo”.
Y no son sólo los jóvenes de la banda los que se empeñan con ahínco en colaborar con la cofradía, hay otro grupo de ellos que igualmente se han convertido en savia nueva, en esa sangre joven que fortalece y vigoriza a cualquier cuerpo y que asegura su continuidad por mucho tiempo. Se trata del grupo de muchachos que el año pasado desfiló por primera vez como escolta romana. Para ellos supuso una experiencia totalmente novedosa dada su juventud, y el resultado de la misma les animó a repetirla en esta Semana Santa 2003 y, seguramente, en muchas más. La iniciativa surgió de Miguel Ángel Hernández y David Márquez, que comparten la capitanía, y que se dedicaron a “reclutar” jóvenes entre sus conocidos hasta llegar al total de 13 miembros que componen la escolta romana. Una vez constituido el grupo comenzaron los ensayos que se prolongaron durante todo un mes, siendo éstos prácticamente a diario. Estos ensayos se realizaron en diferentes lugares según se tratase de guardias, que se ensayan en la iglesia, del “rindan” o el “arretiren” que se ensayan en la Puerta de Sol, o de la ceremonia de “El Paso” y la procesión que practican en Santa Lucía. En una conversación sostenida con alguno de estos jóvenes, dijeron que para ellos estos ensayos son como una especie de convivencia en la que lo pasan bastante bien y que para nada les cuesta trabajo alguno adaptarse a los ensayos diarios y aprender todo el conjunto de maniobras y órdenes propias de la escolta, como las señas con la espada con su particular significado, o a marchar “de frente pa lante a paso ligero en hilera”. La verdad es que el afán de colaborar con la cofradía les facilita la tarea y les ayuda a “aguantar lo mejor que se puede” el frío de la madrugada del Viernes Santo yendo con los atavíos con los que van, y el cansancio de toda una noche de “ires” y “venires” por el pueblo y por la iglesia, aunque un caliente y reconfortante desayuno les espera cuando todo finalice. Esa convivencia a la que se refieren no acaba con los ensayos ya que en verano se viene celebrando desde hace unos años una caldereta, y es que todo lo que tiene que ver de una u otra forma con la Semana Santa, impregna el transcurso de todo el año.

Por otro lado, y enlazando con ese espíritu renovador del que hablamos, y como punto de referencia puesto que supone la mayor novedad de la cofradía, este año se estrenará la segunda y definitiva fase de remodelación del paso del Santo Entierro. La 1ª fase se estrenó el año pasado y consiste en las parihuelas y la carpintería así como una muestra del tallado de la madera. Las nuevas andas tienen 8 brazos dobles lo que permite que sean portadas por 16 costaleros.

La 2ª fase consiste en el tallado de la canastilla y dorado del conjunto en oro fino
Todo este trabajo, realizado en dos fases debido a la envergadura del mismo, se ha llevado a cabo en los talleres sevillanos de Angel de la Feria. Para completar el trabajo también se restauró la imagen del Cristo Yacente por el jerezano Tomás Crespo.
En el diseño de las nuevas andas se han tenido en cuenta dos factores principalmente; uno es, o más bien son, el resto de pasos de la cofradía ya que se pretende mantener una cierta armonía y uniformidad en la misma; el otro ha sido la urna existente porque sobre todo lo que se ha pretendido es reformar un paso y no cambiarlo por un nuevo. El anterior paso era pequeño, procedente de una tradición que acostumbraba a tener pasos pequeños, como bien podemos apreciar en las fotografías que hemos recopilado en el álbum de fotos de la cofradía que se incluye en esta misma revista; esa tradición de pasos pequeños ha venido cambiando desde hace unos 20 o 25 años hacia una tendencia a hacer pasos más grandes. Así pues adaptándose a los tiempos, pero sin perder ese toque tradicional de un paso del que la cofradía se ha sentido muy orgullosa desde siempre, se ha procedido a la reforma del mismo conservando aquello que nuestros mayores cuidaron con tanto esfuerzo y nos transmitieron como legado histórico y cultural. De este modo no estamos ante un paso nuevo, sino uno reformado de tal forma que no rompa ese vínculo con el pasado que nos proporciona todo aquello que tiene un carácter tradicional, adjetivo que, por otro lado, está hundido en lo más profundo de la cofradía y constituye uno de sus principales signos distintivos.
Hoy en día, lo tradicional está apartado casi por completo de nuestra forma vida y a medida que forjamos nuevas costumbres, dilapidamos las anteriores como si de un estorbo se tratasen sin pararnos siquiera a pensar si merece la pena conservarlas, aunque solamente sea como parte de nuestro patrimonio. Ahora, los objetos que tienen dos años son calificados de “antiguos”, con una connotación de inutilidad pegada al adjetivo que lo diferencia bastante de lo que muchos entienden por antigüedad. Así, no es de extrañar que aquello que tiene más años ni se mire, o se mire con indiferencia. Por este motivo, considero que la labor de todos esos jóvenes de los que hemos hablado antes ha de ser destacada por encima de todo; sus ganas de colaborar y de sacrificarse por el bien de la cofradía, su afán por pertenecer a ella, su energía y vitalidad derrochados en pro de conservar y mejorar nuestras costumbres, son el futuro de esta tradición que vamos pasando de mano en mano como testigo vivo de nuestra propia historia.
Sirvan estas letras para felicitar a todos esos jóvenes por su entrega y por su fidelidad a la cofradía en unos tiempos en los que valores como la amistad, la tolerancia, el respeto, o la propia tradición, son valores que están en boca de todos pero en el corazón de unos pocos. ¡Ánimo muchachos y Arriba Jesús!

Antonio Manuel Rivera Carrasco
Cronista de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

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