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miércoles, 5 de noviembre de 2008

Revista 2008. Tito Francis

Tito Francis

El jueves 12 de julio de 2007 amaneció Jerez con un aire distinto, triste, sombrío, como si un mal presagio flotara en el aire. Ese día el pueblo de Jerez quedó conmocionado con la noticia, ese día te fuiste. Persona luchadora, singular, incansable, irrepetible, cualquier cosa que se diga de ti parece poco comparado con el tremendo esfuerzo que dedicaste a los tuyos y a tu pueblo. Cualquier persona necesitaría más de 100 años para hacer lo que has hecho en 58, y la mayoría, ni incluso así. Mirando atrás no alcanzo a concebir la historia de las últimas décadas de nuestro pueblo sin que tu nombre aparezca aquí y allá, y es que dejaste tu impronta en casi todos los campos imaginables, te hemos conocido como maestro, monitor, árbitro, entrenador, deportista, voluntario social… y como nuestro “tito Francis” que es como te llamamos en casa. Son cientos, miles, los recuerdos que vienen a la mente en los momentos que tú emprendes el fatídico viaje, como cuando en los años 80 nos juntabas a casi todos los primos en casa de la abuela Primi el Miércoles Santo para vestirnos de los “coloraos”; procurabas las túnicas para todos y tras las instrucciones para ir en la procesión como había que ir, repartías un buen puñado de chicles para que tuviésemos para todo el desfile, lo que intensificaba nuestra emoción, ya enorme por el mero hecho de salir. Te vestías allí con nosotros y aprovechábamos ese momento para intentar tocar la campanita dorada que llevabas y que despertaba nuestra admiración, y digo intentar porque no nos dejabas nunca, la campana era sólo para la procesión y fuera de ella no se podía tocar. Recuerdo el día que mi primo Francisco José, consiguió tocarla y se llevó una buena reprimenda, aunque al final tuvo más chicles que los demás para la procesión. Así eras tú, de aspecto gruñón y duro como una piedra, pero con un corazón y un fondo de una generosidad y nobleza sin límites. Después nos íbamos a San Miguel, donde nos buscabas los mejores cirios y nos volvías a repetir las instrucciones para el desfile. Al final nos dabas la enhorabuena y un duro a cada uno por lo bien que lo habíamos hecho, animándonos a salir para el año siguiente.
Como este, cientos de recuerdos más, hasta el día 12 de julio. Esa noche la Luna ni siquiera se atrevió a salir, mirando al cielo de Jerez solamente pude ver a una estrella grande y muy brillante en el cielo, en realidad era Venus, que seguro que estaba alta y más brillante que nunca en el cielo para iluminar el camino que emprendías y ayudarte a encontrar tu lugar ahí arriba, entre ellas.
Siempre he pensado que una vista aérea de una procesión de noche por las serpenteantes calles jerezanas tiene que ser increíble, este año verás así a tu querido Ecce-Homo, y seguro que desde ahí arriba echas una mano para que todo salga mejor, y si alguna fila se tuerce, o hay algún corte, o algún paso necesita un empujón, seguro que estás ahí para arreglarlo y nosotros miraremos al cielo en busca de tu destello.
El viernes 13 de julio de 2007 el campo de jerez amaneció sin flores y, al alba, la luna por fin se asomó al despejado cielo dibujando una fina sonrisa, que me recordó a esa sonrisa picarona y cómplice tuya, y seguro que sonreía porque habías llegado a tu destino y ocupabas tu sitio entre las estrellas. Dice una canción que la vela que más brilla, se consume antes, y desde luego tú has brillado en tu vida de una forma extraordinaria iluminando la vida de todos aquellos que han tenido la suerte de conocerte, iluminando a tu pueblo. Y si el día 13 de julio nos despedimos de tu cuerpo, estoy seguro de que tu luz seguirá brillando para siempre ahí arriba, para ayudarnos en los momentos difíciles y para que no olvidemos tu ejemplo.
Y ya para acabar, te dejo junto a estas palabras una fotografía del paso del Ecce Homo del año 1928, de esas que siempre te ha gustado ver y me preguntabas últimamente que de dónde las sacaba… y con la fotografía ni me despido, ni te digo adiós y ni siquiera hasta luego, porque estoy convencido de que de una u otra forma estás con nosotros, y que desde luego, cada vez que veamos algo de lo que tú hiciste, cada vez que hablemos de ti, o cada vez que digamos tu nombre, te tendremos a nuestro lado.

A mi tío Francisco José Rivera Montero

Antonio Manuel Rivera Carrasco
Cronista de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno
Viernes santo del año 2005. Procesión del Santo Entierro.
Francisco José Rivera Montero junto al guión de la Cofradia del Señor Ecce Homo
Foto: Antonio Manuel Rivera Carrasco

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